27 agosto 1999: "Aznar debe admitir el problema político"
Editorial de GARA sobre el comunicado de ETA.
El propio marco elegido por José María Aznar para dar cuenta del bloqueo que sufren las conversaciones del Gobierno español con ETA por una parte y con HB por otra una cena con militantes de su partido y el lenguaje empleado en su alocución, ya eran indicios suficientes para confirmar que el presidente del Ejecutivo no está a la altura de los acontecimientos y pretende reducir a una batalla de imagen "nosotros somos los buenos, ellos los malos" lo que es un problema político de hondo calado. Un problema cuya resolución, y es lo que José María Aznar no parece entender, no vendrá dado ni por los índices de las sucesivas encuestas ni por las expectativas electorales, sino por afrontar con rigor y sentido de estado las raíces del mismo. El favor del electorado español ya podrá ganárselo cuando presente resultados y no meras declaraciones.
El Gobierno se resiste a aceptar que a quien debe responder es al deseo mayoritario de las ciudadanas y ciudadanos vascos de ser dueños de su propio destino sin injerencias externas. Que ése es el terreno en el que encontrara todo tipo de facilidades para llegar a la paz que dice anhelar. Pero en ese camino, como tanto gusta repetir su ministro del Interior, "no hay atajos". Y su intención de centrar el sujeto del debate en una negociación de "paz por presos" entre ETA y el Gobierno es una carretera cortada que no conduce a ninguna parte más que a la frustración cíclica de las expectativas que anidan no sólo en la ciudadanía vasca sino también en los pueblos del Estado español.
Si Aznar, su Ejecutivo y a quienes representan desean desbloquear la situación en la que se han metido ETA, en lo que le afecta, reiteró ayer su disposición deberán afrontar de una vez por todas que tienen ante sí un conflicto político cuya resolución a nadie se le escapa que será complicada y exigirá actitudes que hasta la fecha han sido incapaces de evidenciar. Si no tiene suficientemente clara la magnitud del problema al que se enfrenta, cabría recomendar el presidente del Gobierno español que reflexione sobre la respuesta que su discurso de Quintanilla de Onésimo ha tenido entre las fuerzas que suscribieron el Acuerdo de Lizarra-Garazi mayoritarias en Euskal Herria y entre algunos de sus propios socios. Creer que eso puede solucionarse con golpes de efecto mediáticos ante un auditorio entregado y con peloteos infantiles es un error. Hay demasiadas cosas en juego para andar con tonterías.
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